Aquí le decimos el paisito a este país, porque lo queremos con un poco de lástima que se vuelve ternura, porque es chiquito, pero tiene una de las embajadas gringas más grandes de toda la región, y por cierto muchas penas le vienen por ese medio. No es que la gente no se pueda desgraciar la vida sola, pero a Honduras el horror siempre le fue importado. Y ahora vivimos de un modo inexplicable para quien de afuera dice, ¿cómo hacen para vivir ahí?, Agobiadas e indignados por que nos intentan someter a fuerza de violencia y terror cada hora del día.
Llegamos aquí desde hace siglos, somos gente
vieja que conoce el poder de una planta y el modo de cortarla, pero los saberes
se alejan y va quedando esta cultura de tutorial y supermercado que parece
copar hasta las órbitas de la gente de comunidad y barrio distantes. La cultura
masiva es tan poderosa que no es extraño que altos jefes militares se hinquen a
invocar un dios que les ayude a no ser asesinos y corruptos porque se ve que
sólo una fuerza superior lo puede evitar; y por que aquí las huestes
bolsonaristas han avanzado mucho y naturalizan estos espectáculos que en el
mejor de los casos dan vergüenza ajena.
Da pena este paisito, nos da lástima reconocer
que nos han ido segando la belleza simple de los días que tenían un poco de
calma y orgullo. Nunca fue fácil aquí, lo sabemos, tenemos memoria de los
tiempos duros, los crímenes, las palabras altas de nuestras ancestras que nos
abrieron las ventanas, pese a todo; la dimensión
de la traición criolla y el odio de los peninsulares que en uno de esos errores
de navegación, como dice Breny Mendoza, tuvieron la suerte para ellos, el
infortunio para nosotres de llegar a estas tierras.
Honduras da miedo, y cuando el Secretario de
presidencia dice en un discurso internacional que el país está en guerra, da
más miedo, porque ellos que tienen poder y dinero; influencias y seguridad
personal nombran la realidad con una palabra como ésa que hace pensar en
hombres armados, en bandos, entendemos
pronto que para nosotras significa gente civil, con las manos limpias,
asesinada por todos lados, cuerpos de mujeres y jóvenes encontrados en todos
lados con la brutalidad como signo.
La presidenta que expresó con esperanza y
candor las palabras que tanto se añoraban, se rodea de señores de uniforme que
conocen el lenguaje de la represión y la muerte violenta: los hijos predilectos
del patriarcado; las feministas que le apoyan se silencian o salen a intentar
palabras confusas para no dejarla sola y para tratar de quedar bien con lo que
antes fueron, y que ya no son. Sus actos ejecutivos y los de sus funcionarios
parecen acorralados y más asustados que quienes cada día andamos sin
guardaespaldas ni dinero suficiente para taxi,
sólo con esta gratitud atrapada en la zozobra porque aquí hay que dar
gracias por tener trabajo. Asusta atestiguar que los ministros invoquen poderes
supra humanos para la realidad que con tanta gallardía dijeron podían
transformar.
No debiera extrañarnos, al paisito siempre le
va a sí con los políticos y las políticas, esto no es la excepción, sino la
regla. Lo que sí necesitamos reconocer
es que el 28 de junio del 2009 el golpe cívico militar bendecido por la
iglesia y sostenido por la empresa privada vil y mercenaria desató la caja de
pandora; y el horror ahora intenta hacerse propietario del paisito.
Nada, mientras tanto el extractivismo sigue
adelante, los terratenientes recuperan tierras que robaron porque ahora les
ampara el gobierno, las maquilas no paran de producir y violentar derechos
laborales básicos, y quienes desde el
aciago 1492 llegaron por acá y han cambiado de apellidos y de indumentaria
siguen siendo los que se quedan libres de terror y hartos de dinero y bienes.
Está perro, diría Berta Cáceres, y lo está. La
conspiración para sostener la vida ha de volverse aún más astuta, afectiva,
sólida y solidaria; porque sí que hay gente luchando, sin parar. El paisito ha sido siempre el laboratorio de
la región como señala Miriam Miranda, lo que sucede aquí se va extendiendo por
otros lados. Militares evangélicos, políticos que se dicen progresistas y
bautizan hijos de los banqueros más viles, empresarios nacionales y
asiáticos que se compran los puertos y
construyen represas; políticas públicas que sólo conocen la seguridad armada;
carteles de todo acento, y maras organizadas al mejor postor; todos personajes siniestros contra quienes
siempre actuamos en desventaja, andan de carnaval.
Y aquí
seguimos, en el lugar donde están las de antes y donde hemos optado seguir
reconociendo la fragilidad que se agrava, y la fuerza que es estar del lado de
quienes confían en la justicia poética de la lucha colectiva. Y cuando una
piensa en salir huyendo, le ataja la mirada y el ánimo de la compañera que va a
parir un bebé justamente cuando los elotes salgan para que hagamos una gran
fiesta de maíz, y otra vez celebremos la vida que seguiremos sosteniendo en
Honduras, el paisito nuestro.
Melissa Cardoza, 28 de junio de 2023