PARA PENSAR CÓMO PENSAMOS

 


La Cuerda, Guatemala, junio 2022

 En el origen fue lo ajeno

Que instaló la amnesia

y negó  la caricia en las páginas del cuerpo

El altar de la mentira fue puesto en alto

y los halagos al poder se hicieron lengua franca

Antes nos hizo el mar cantos rodados

pequeñas burbujas del universo

aire en el fuego

pertenencias

seres descifrando la geometría de los sueños

Entonces apareció lo ajeno

su afán de tener y pisotear para tener

Ahí todo fue válido

 no hubo tales manzanas ni árboles prohibidos

-falsas leyendas del mal-

ahí empezó el tiempo de los propietarios

 melissa cardoza

 23 de junio de 2022

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Como adolescente sentí ganas de ser historiadora y me lancé a la universidad donde me encontré decepcionantes formas de entender la realidad, con honrosas excepciones la universidad invitaba a la obediencia y la redundancia en el marco constreñido de algunas ideas desarrolladas por los maestros; poco daba para más, para curiosear y preguntar o poner en cuestión. Y sin embargo, ahí aprendí que los árabes eran de lejos las personas más ilustradas en un tiempo en que los europeos, hoy tan arrogantes,  no conocían la seducción del álgebra y adoraban el oro. Dejé la universidad y anduve otras escuelas y el conocer y sus cómos siempre me han rondado, así que da gusto compartir algunas ideas.

Talvez, sólo talvez empezamos por la pérdida y la necesidad de recuperar memoria con sus múltiples voces y experiencias que habitan días y encuentros de estas que somos, nombradas mujeres en un entendimiento del mundo que apenas alcanza a mirar dos opciones, y a la que ya le hemos metido el filo de nuestro cuestionamiento porque la realidad alcanza con más de dos posibilidades.

Partidas entre quedar bien con ese régimen que intenta ordenar la vida y a la cual le favorecemos con rutinas, horarios, compras de ropa que no necesitamos, enredos amorosos, deudas; y salir de este sabor agrio que nos deja, del disgusto, la frustración, el enojo y la enfermedad. Ese malestar que se va quedando en tantas partes del cuerpo, que desperdicia vidas y talentos porque entendemos que de lo dicho hay tanto que no nos pertenece, como tanto nos han despojado y eso hace que se abran las puertas del reino.  

1. Renegar del orden establecido.

Pensamos mucho, juntas y de manera caótica como principio,  porque tenemos existencias amontonadas en las que hay mucho que resolver simultaneamente, así que la dedicación con la que andamos tiene el ritmo de los haceres variados, al menos para la mayoría de nosotras. Pensamos para distintos lados y desde diversos lugares de enunciación. 

2. Reflexionamos la vida en su complejidad.

Pensamos con el andar de la experiencia material, historias de vida, anécdotas cotidianas, emociones que a veces ni tienen palabras porque cómo se dice cuando una pierde a una amiga amada y entonces no se queda huérfana ni viuda; sino cómo. Y nos vamos entonces inventando nombres, conceptos, cambiando la lengua,  agrandando el mundo de la palabra para caber, para que quepa nuestra experiencia personal y colectiva. 

3. Pensar y sentir al mismo tiempo nos informan del mundo.

Diría que en muchas de las experiencias que yo he vivido y compartido con otras feministas tenemos un valor especial en la manera en que abonamos a la esperanza y la intención de que vayan cambiando las cosas. Pensamos y hacemos lo que hacemos para cambiar, pues urge, y la urgencia es uno de los signos de nuestros modos de hacerlo en esta cultura que se ha vuelto letal para una gran cantidad de seres vivos. 

4. Tenemos proyecto político donde poner los saberes

Nuestro conocimiento y maneras de aprender se sistematizan de muchas formas pero tiene un sitio especial la conversación, muchas veces conjugada con ir y venir de movilizaciones,  traer niñas de la escuela, cuidar gente que está enferma o con las cervezas y vinos del encuentro por placer de encontrarnos. En la mayoría de las ocasiones robando tiempo al tiempo. 

5. El lugar del conocer está en todas partes.

Debo decir que mi manera de pensar y aprender con otras  ha sido a través de dialogar, un ejercicio difícil si soy honestas; sobre todo cuando ese diálogo se hace con otras pensantes y no sólo con los textos que también mucho nos aportan. La larga lista de autoras que nos encienden chispas libertarias en el cerebro hacen una comunidad de saberes sin las que no seríamos capaces de sobrevivir ni como seres humanas.  Cuando hablo de diálogos no puedo sino pensar en Francesca Gargallo, maestra para esto del diálogo, quien a pesar de tener diferencias, enojos, o indisposiciones varias, siempre expresadas con su elocuencia y hondura,  estaba siempre disponible para hablar, y sobre todo para escuchar. La escucha de las otras hace que se nos devuelvan transformadas las ideas; en el decirnos y ser escuchadas hay una práxis de transformación. 

6. Privilegiar la palabra y su resonancia

Pues pensamos juntas, porque en solitario una tiende a repetir su propio guión, que  hace difícil abandonar los sitios de la complacencia en donde quisiéramos que la realidad fuera tal cosa como la hemos definido, pero que no siempre lo es. De ahí que también el encuentro y a veces el choque con otros modos de entender permite ir dudando y volviendo a andar sobre lo que pensamos cierto.  Mujeres lencas  como Berta Cáceres  impugnaba al feminismo que sólo porque sí encontraba más atrasadas a las mujeres de sus pueblos, más violentos a los hombres de sus comunidades, o menos poderosas a las redes de sus compañeras que las de otras, y nos puso de cabeza saberes que creímos ciertos y nos obligó a mirar que había en el reverso. 

7. Descolocar las certezas y movernos de sitios de conocimiento. 

Pensamos desde puntos de referencia práctica que hemos escogido y  desarrollamos y abrimos a otras y otros en expresiones y palabras, pero sobre todo en actos. Cuando las feministas decimos por ejemplo A mí no me cuida la policía, me cuidan mis amigas; estamos diciendo   una idea que el feminismo ha instalado hace mucho en muchas partes, no confiamos, no nos gusta, no queremos la represión, la institucionalidad masculinista, la violencia como forma de vida;  queremos espacios de afecto y seguridad en un relacionamiento social optado. Nos indigna y denunciamos que hinquen a un niño de cuatro años cuando está llegando a su primera escuela porque conocemos bien lo que significa la humillación y su capacidad de romper lo noble. 

Hacemos del buen trato una pedagogía central.

Pensamos desde lo personal, por lo tanto desobedecer los mandatos patriarcales ha sido central en el hacer pedagógico feminista, a veces sustituyendo con otros mandatos, las feministas no compramos esto, no hacemos aquello, no nos interesa tal cosa, pero con la conciencia puesta en que los actos se parezcan a las palabras y en que tales desobediencias siempre son en acompañamientos.  

Construimos Etica

Pensamos, a pesar de que nos sobreponen discursos que mienten y tratan de esconder los miedos y los malestares de las sociedades en las que vivimos. Y entonces cuando una mujer es presidenta, o vicepresidenta; se supone que debiéramos estar a gusto y contentas, pero seguimos instaladas en esa maestra excepcional que es la duda, y puesto que hemos visto con ojos de muchas generaciones, nos decimos, vamos a ver porque no nos basta Mujer. 

No damos ninguna realidad por sentada y complejizamos los hilos de la realidad.

Nos pensamos desbaratando la estética y sus lugares de residencia porque ahí hay muchas de las ideas que nos oprimen y nos violenta; la del cuerpo y el bienestar, de las maneras de amar, andar, escribir, sentir y por supuesto, pensar, dónde y cómo. Creamos otras estéticas, las sostenemos y probamos pese a los canones y mandatos del conocimiento oficial. 

Nos autorizamos como creadoras y nombramos a otras como autoras en tanto autoridad para enseñarnos y aprender juntas desde muchas partes.