Que se aburran las Atala, las Gutierrez, las Larach
Que les fastidie la ausencia de sus empleadas
y sospechen de cada tortilla
que les indigne el trabajo sin hacer
y les corroa las entrañas el corrupto origen de su sangre
Que el miedo se les meta, al fin, entre las sábanas inmaculadas
Nosotras, compañeras, tenemos mucho que hacer
Arreciar la esperanza
darle vuelta a todo esto
crear no zurcir
probar lo que siempre quisimos
Ya no hay tiempo, nos han dicho
y la vida pende de un virus
el miedo mata, pero es el amor el que nos salvará de sus designios
Hay que levantar de nuevo la casa
soleada
oronda
común
Melissa Cardoza, marzo 2020
